Hay una pregunta que, cuando empiezas a vivir el cuckolding, puede quedarse dando vueltas en la cabeza: ¿importa el tamaño del pene para una mujer? En mi caso no es una cuestión teórica. La he vivido viendo a Ana María con otros hombres y comparando, inevitablemente, lo que veía con mi propia realidad.

Mi pene mide aproximadamente 8 cm en estado flácido y unos 13 cm en erección. Nunca he tenido una conversación con Ana María en la que me haya hecho sentir inferior por ello. De hecho, jamás me ha utilizado el tamaño de otro hombre para hacerme sentir menos. Pero cuando introduces a otros hombres en la relación, la comparación aparece aunque no la busques. Y con ella aparecen también el morbo, la curiosidad y, algunas veces, los celos.

¿Importa el tamaño del pene para una mujer cuando hay comparación?

Al principio de nuestras experiencias yo quería saberlo todo. Después de que Ana María quedara con un hombre, le preguntaba dónde habían estado, si le había gustado, qué impresión le había causado y si la experiencia había sido buena. Ella solía contarme las cosas de manera bastante general. Con el tiempo fuimos ganando confianza y nuestras conversaciones se hicieron más abiertas.

También empezamos a fijarnos en los hombres que elegíamos. Si quieres entender mejor cómo hemos aprendido a manejar los celos dentro de esta dinámica, puedes leer también cómo gestionar los celos y la compersión en el cuckolding. No todos eran iguales, y ahí descubrí algo que parece obvio cuando lo lees, pero que cambia bastante cuando lo ves delante de ti: un hombre que parece impresionante físicamente no tiene por qué ser el que mejor experiencia proporcione.

El bull enorme que, sorprendentemente, tenía menos tamaño que yo

Recuerdo a un hombre que físicamente parecía sacado del estereotipo de bull de discoteca: enorme, musculoso y con una presencia que llenaba la habitación. Tenía un brazo que parecía casi del tamaño de mi cabeza. A primera vista impresionaba muchísimo.

Pero cuando llegó el momento de la intimidad descubrí que su pene era notablemente más pequeño que el mío.

Aquello me produjo una sensación curiosa. Por un lado, apareció esa comparación que cualquier hombre puede hacer cuando tiene delante a otro que está con su mujer. Por otro, me quitó una parte de una inseguridad que había llevado conmigo durante bastante tiempo.

Y lo más importante llegó después. Ana María no salió de aquella experiencia pensando que aquel hombre había sido extraordinario simplemente porque su cuerpo fuese espectacular. Al contrario: me reconoció que la experiencia no le había gustado especialmente y que no había sentido aquella sensación de plenitud que esperaba.

Aquella noche entendí algo importante: tener un cuerpo enorme no significa tener un pene enorme, y tener un pene grande tampoco significa automáticamente hacer disfrutar más a una mujer.

La experiencia que me hizo entender el verdadero peso del tamaño

La otra cara de la moneda llegó con un chico que conocimos por Lovoo. Para entender mejor el contexto, también explico cómo elegir y contactar con un bull cuando una pareja empieza a explorar esta dinámica. Recuerdo haberlo visto y pensar: este tiene buena pinta… y seguro que la tiene grande. Ana María ya había tenido una experiencia anterior con un hombre negro antes de estar conmigo, así que el tema no era completamente nuevo dentro de nuestras conversaciones, pero aquella vez la diferencia fue mucho más llamativa.

La cita fue relativamente normal. Hablamos, nos conocimos y todo parecía sencillo. Pero cuando llegó el momento de la intimidad, la atmósfera cambió.

Recuerdo perfectamente el instante en que empezaron a quitarse la ropa. Hasta entonces yo había visto a otros bulls con Ana María y sabía que podía excitarme. Pero aquella vez fue diferente. La diferencia de tamaño era tan evidente que me encendió más que otros encuentros.

No voy a fingir que fue una sensación limpia y sencilla. Mientras observaba, tenía en la cabeza dos pensamientos que parecían incompatibles. Uno era prácticamente instintivo: joder, es enorme. El otro era mucho más incómodo: quiero seguir mirando.

Ahí estaba el cuckolding en toda su contradicción: excitación y celos compartiendo el mismo espacio.

Cuando lo que parece espectacular también tiene límites

La diferencia de tamaño no era simplemente una cuestión visual. Enseguida quedó claro que condicionaba la experiencia. Ana María tuvo que adaptarse y buscar la manera de sentirse cómoda. Hubo momentos en los que la intensidad era demasiado grande y tuvieron que cambiar la dinámica.

Cuando ella consiguió tener más control sobre el ritmo y la profundidad, la situación mejoró notablemente. Y eso me enseñó algo que el porno suele esconder: un cuerpo real tiene límites reales.

En una pantalla, un pene extremadamente grande puede parecer únicamente espectacular. Para contrastar esta percepción con información de educación sexual, puedes consultar este recurso de Planned Parenthood sobre el tamaño del pene y el sexo cuando puede resultar demasiado grande. En la vida real también puede exigir paciencia, comunicación y adaptación. Si no se gestiona bien, lo que inicialmente produce morbo puede terminar siendo incómodo o incluso doloroso.

Por eso aquella experiencia me hizo cambiar la forma de entender la pregunta de si importa el tamaño del pene para una mujer. Sí, puede importar. Puede cambiar las sensaciones y también puede aportar un componente visual y psicológico muy potente. Pero precisamente por ser tan grande, también puede convertirse en algo que hay que saber manejar.

El tamaño también puede formar parte del morbo cuckold

Para mí, aquella experiencia tuvo además otra dimensión. La diferencia de tamaño hacía que todo pareciera más extremo, casi como una fantasía llevada a la realidad. Y eso me excitaba.

Creo que es importante reconocerlo porque muchas veces hablamos del tamaño del pene únicamente desde la perspectiva de la satisfacción física. En el cuckolding existe también una dimensión psicológica. Ver a tu mujer con un hombre muy diferente a ti puede activar comparaciones, inseguridades y fantasías que, precisamente por resultar incómodas, aumentan el morbo.

Yo estaba viendo algo que no podía dejar de comparar con mi propio cuerpo. Y, al mismo tiempo, me excitaba que Ana María estuviera viviendo aquella experiencia.

Eso es lo extraño del cuckolding: algo puede tocar directamente tu inseguridad y convertirse, al mismo tiempo, en una de las partes más excitantes de la fantasía.

Y sí: volvieron mis celos

Hay algo que me he dado cuenta mientras escribo este artículo. Aquella experiencia despertó otra vez mis celos.

Creía que con el tiempo los había aprendido a controlar mejor. Y es cierto que ahora los entiendo mucho más. Pero entender los celos no significa dejar de sentirlos.

Cuando tienes delante una diferencia física tan evidente, es prácticamente imposible no comparar. Una parte de mí pensaba en los centímetros. Otra observaba a Ana María. Y otra simplemente disfrutaba del morbo de estar allí.

Lo curioso es que no quería que aquello desapareciera. Me estaba poniendo celoso y, al mismo tiempo, me estaba excitando.

Con el tiempo he aprendido que no tengo que elegir entre una cosa y la otra. Puedo reconocer que siento celos y seguir disfrutando de la fantasía. Puedo admitir que otro hombre tiene un pene mucho mayor que el mío sin convertir automáticamente esa diferencia en una medida de mi valor como hombre.

Entonces, ¿importa el tamaño del pene para una mujer?

Después de vivir estas experiencias, mi respuesta es bastante más matizada que al principio.

Sí, el tamaño puede importar, pero no es una regla universal ni una garantía de placer. Algunas mujeres tendrán preferencias claras. Para otras, la diferencia será mucho menos importante. Y en una experiencia de pareja influyen muchas más variables: la química, la comunicación, la confianza, la técnica, el ritmo, la comodidad y la capacidad de adaptarse a lo que le gusta a la otra persona.

Yo he visto a un hombre con un físico impresionante y un tamaño menor que el mío no conseguir una experiencia especialmente buena para Ana María. También he vivido lo contrario: un hombre extremadamente grande que aumentó muchísimo el morbo, pero que obligó a adaptar la experiencia porque el tamaño podía resultar demasiado intenso.

Por eso no creo que la pregunta correcta sea simplemente “¿pene grande o pene pequeño?”. Cuando me preguntaba si importa el tamaño del pene para una mujer, estaba buscando una respuesta demasiado sencilla para una cuestión bastante más compleja. La pregunta interesante es “¿qué hace que una mujer disfrute realmente?”.

Lo que he aprendido sobre mi propia inseguridad

Quizá esta sea la parte más personal de todo esto. Durante años he tenido la típica inseguridad masculina relacionada con el tamaño. Cuando ves porno, cuando escuchas historias o cuando empiezas a comparar a los hombres con los que está tu mujer, es muy fácil pensar que necesitas ser el más grande.

Ahora ya no lo veo así.

Puedo reconocer que un hombre es más grande que yo. Puedo sentir ese pinchazo de celos. Puedo encontrarlo excitante. Puedo incluso pensar que la diferencia añade morbo a la experiencia. Y nada de eso significa que Ana María me valore menos.

Ella nunca me ha hecho sentir inferior por mi tamaño. Y las experiencias que hemos tenido me han demostrado que el placer no se puede reducir a una cifra.

De hecho, mientras escribo estas líneas me doy cuenta de algo bastante curioso: los celos han vuelto a aparecer al recordar aquella experiencia, pero me sigue encantando el cuckolding.

Quizá esa contradicción sea precisamente una de las razones por las que me atrae tanto. No es una fantasía limpia ni perfectamente racional. Es una mezcla de confianza, comparación, morbo, inseguridad y excitación.

Y después de todo lo vivido, si alguien me preguntara si un pene grande puede sumar excitación, respondería que sí. Pero si me preguntara si un pene grande garantiza que una mujer vaya a disfrutar más, respondería exactamente lo mismo que me enseñó mi propia experiencia: no.